Los argentinos salen a la calle en Buenos Aires y otros puntos del país para repudiar un discurso en que la presidenta califica de “paso de comedia” la huelga de los agricultores
Primera cacerolada contra la presidenta Kirchner. La noche de este lunes, Buenos Aires ha vuelto a cubrirse de un sonido que no se escuchaba tan fuerte desde la catástrofe institucional de 2001, cuando el presidente Fernándo de la Rúa tuvo que huir en helicóptero de la Casa Rosada. Miles de personas se han lanzado a las calles de la capital con cacerolas y cucharas para protestar contra Cristina Fernández, que momentos antes se había dirigido a la nación por televisión para explicar la posición de su Gobierno respecto a la huelga del sector agrario, que la presidenta calificó de “paso de comedia”.
Las palabras de Kirchner, que se refirió al conflicto como “los piquetes de la abundancia”, fueron como una chispa en un barril de pólvora y casi de inmediato, de manera espontánea, millares de personas en diferentes barrios de la ciudad se echaron a las calles para mostrar su indignación, mientras otros secundaban la cacerolada desde sus balcones y algunos cortaban el tráfico. Los automovilistas hacían tocar sus bocinas y la misma plaza de Mayo fue escenario de concentraciones contra Fernández.
La masiva protesta se ha repetido en otras ciudades. Los productores agropecuarios, congregados en carreteras de distintos puntos del país para seguir las palabras de la presidenta en directo por televisión, estallaron también enseguida con cacerolazos y bocinazos en zonas agropecuarias clave, además de cortes en las carreteras, bloqueos y piquetes.
La cacerolada, o cacerolazo, se hizo popular en Argentina como forma de protesta durante el colapso económico y político de finales de 2001 y parte de 2002. La última vez que se había registrado un “cacerolazo” en Buenos Aires fue en marzo del pasado año, cuando miles de vecinos salieron a las calles indignados para protestar por un gigantesco apagón que se prolongó durante más de 24 horas.
Discurso desafortunado
Fernández, que acaba de cumplir sus primeros cien días de gestión, ha anunciado en su discurso que no cederá a la “extorsión” de los productores agropecuarios, que ayer resolvieron extender por tiempo indeterminado los bloqueos y la huelga comercial que ya provoca el desabastecimiento de algunos alimentos básicos.
Además de no enviar granos y carnes a los mercados concentradores, los productores han realizado cientos de bloqueos en carreteras de todo el país, donde la tensión se ha dejado ver en los últimos días por la tentativa del sindicato de camioneros, afín al Gobierno, de evitar los piquetes agropecuarios.
Para la presidenta, en las movilizaciones de estos últimos días se han visto “los piquetes de la abundancia, de los sectores de mayor rentabilidad”, en contraste con los de “la miseria y la tragedia” que protagonizaron los desocupados durante la severa crisis de 2001-2002.
Fernández justifica los impuestos a las exportaciones no como una medida fiscal sino de corte “redistributivo”, que a su criterio evita que los alimentos tengan “valores prohibitivos” para los argentinos por la fuerte demanda desde el exterior.
Pero los representantes del sector aseguran que soportan una “fuerte distorsión” de los costos de producción y que la nueva política fiscal supondrá el pago de impuestos de unos 10.500 millones de dólares anuales sin que haya mayores beneficios por los subsidios que da el Ejecutivo.
Con las sucesivas subidas de los impuestos a la exportación de materias primas, entre ellas los productos agrícolas, el fisco argentino ha recaudado en los últimos cinco meses un monto adicional equivalente a 6.000 millones de dólares, según destacó ayer hoy un informe de la consultora Ecolatina.
Fuente: El País