En diálogo con Cazador de Noticias, el dirigente del Partido Socialista Auténtico de Mar del Plata – Batán en Unidad Socialista, Pablo Aceto, planteó que “el 4 de noviembre de 2024, el gobierno de Javier Milei celebró con bombos y platillos la inauguración del Gasoducto Norte, presentando la obra como un triunfo estratégico. Se prometió que el gasoducto sería la clave para reemplazar el gas boliviano, asegurar el abastecimiento interno con gas proveniente de Vaca Muerta y abrir las puertas a las exportaciones regionales. Sin embargo, lo que se intentó vender como una gran victoria ha terminado siendo un cúmulo de promesas incumplidas, demoras e interrogantes sobre su viabilidad económica a largo plazo”.
Acto seguido, señaló que “lo primero que debe resaltarse es que, a pesar del ruido mediático, el gasoducto no está terminado. El gobierno cortó la cinta sin cumplir con los plazos establecidos, y la obra sigue en construcción. Las empresas contratistas, por su parte, ya han advertido sobre pagos atrasados y la imposibilidad de cumplir con los tiempos previstos sin un financiamiento regular. Esta es, hasta ahora, la única gran obra pública que el gobierno de Milei ha logrado inaugurar, y ya está lejos de cumplir con las expectativas”.
Remarcó que “en el mismo tono triunfalista, se anunciaron las primeras exportaciones de gas a Brasil como ´históricas´. No obstante, esos envíos no son más que operaciones interrumpibles de prueba, sujetas a las fluctuaciones del mercado interno y a las ventanas de oportunidad. El gasoducto, en lugar de ser una infraestructura destinada a garantizar una provisión constante de gas, se reduce a una obra que apenas puede funcionar de manera intermitente. Lejos de abrir nuevos mercados, su funcionalidad está limitada por la imprevisibilidad de la demanda y la falta de acuerdos comerciales firmes”.
En tal sentido, recalcó que “Marcelo Mindlin, CEO de Pampa Energía, dejó en claro que la idea de invertir miles de millones de dólares en un gasoducto para exportar gas a Brasil es, en el mejor de los casos, una ilusión. Según Mindlin, el consumo de gas en Brasil está determinado por su matriz energética, dominada por la hidroeléctrica, y se limita a picos puntuales de demanda. En ese contexto, resulta completamente inviable justificar una infraestructura de este tamaño para abastecer a un mercado que solo necesita gas en determinadas épocas del año”.
Asimismo, sostuvo que “este diagnóstico refleja una realidad mucho más profunda: la Argentina lleva décadas perdiendo el control sobre sus recursos energéticos. El país se ha ido entregando, sin resistencia, a las fuerzas del mercado y a los intereses de grandes corporaciones petroleras, que hacen y deshacen negocios a su antojo, sin que el Estado tenga un verdadero control sobre el destino de sus propios recursos. Hoy, no está garantizado que los beneficios de un proyecto como el Gasoducto Norte redunden en un verdadero desarrollo energético nacional; depende más de los caprichos de los grandes jugadores del sector que de una política energética planificada a largo plazo”.
Hizo hincapié en que “la Argentina no puede seguir delegando su futuro en manos de los intereses privados. Como país, hace mucho que se perdió el control de los recursos energéticos, y este descontrol solo parece profundizarse con proyectos como el Gasoducto Norte. La falta de una visión a largo plazo y la dependencia de intereses corporativos internacionales nos han llevado a una situación insostenible. Si Argentina no recupera el control de sus recursos energéticos, su futuro será incierto”
“El gobierno de Milei, en su afán de vender una ´gran historia´ de autosuficiencia energética, acaba ofreciendo una narrativa desconectada de la realidad, donde las promesas, aunque encantadoras, no terminan de cumplirse y los recursos quedan fuera del alcance del pueblo argentino, tal como en un cuento de hadas que nunca tiene un final feliz”, añadió.
“Es urgente que Argentina recupere el control de sus recursos energéticos. Mientras el gobierno celebra inauguraciones sin sustancia, el país sigue dependiendo de los vaivenes de las multinacionales y de los intereses de los poderosos, sin una estrategia clara que apunte al bienestar de la nación. Si esta situación no cambia, el futuro energético de Argentina estará, una vez más, en manos de quienes juegan a su propio favor, sin importarles el destino de los argentinos”, concluyó.












