Por César Ventimiglia
Presidente de Mirada Ciudadana (Asociación Civil)
Una y otra vez la administración municipal da cuenta de no tener la más mínima atención por los bienes patrimoniales que se supone debe custodiar más que ninguna otra institución. Y lo más triste es que puede hacerlo. El Estado tiene autoridad para impedir atropellos. Sin embargo los alienta y favorece con un festival de excepciones que inevitablemente despiertan todo tipo de suspicacias.
Hoy estamos asistiendo a una lamentable pérdida. Se trata del chalet de Miguel y Roberto Mattar, ubicado en la esquina de Mendoza y Boulevard Marítimo, obra del reconocido arquitecto Alberto Córsico Piccolini, inspirador de numerosos chalets pintoresquistas que dieron origen al estilo Mar del Plata.
Recordemos que una de las características distintivas de nuestra ciudad, además del imponente paisaje costero, es el legado de arquitectura de alta calidad originada a lo largo del siglo XX. Construcciones de la llamada “Belle Epoque”, como así también arquitectura moderna y pintoresquista forman parte de nuestro paisaje urbano.
Desapareció
El chalet Mattar dejó de existir ésta semana, y de acuerdo con los videos que circulan en redes sociales, la destrucción se hizo apresuradamente, sin siquiera rescatar los valiosos materiales utilizados para su construcción.
El chalet fue adquirido por el grupo empresario Solimeno, hace más de 20 años, y con una idea obvia y clara: dejar que el tiempo lo deteriore y pedir la desafectación del listado de bienes protegidos para poder proceder a su demolición. En este caso, no se puede alegar que la falta de mantenimiento provenga de recursos insuficientes como para conservarlo, toda vez que sus propietarios conforman uno de los grupos económicos más poderosos de la ciudad.
¿Incendio o incendiado?
Por otra parte, esta destrucción se suma al reciente incendio de la casilla Blaquier. Ocurrió a fines del año pasado, como otro hito en la constante pérdida de nuestro patrimonio construido a la que venimos asistiendo, a pesar de contar en nuestra ciudad con la ordenanza 10.075, que desde el año 1995 intenta proteger este tipo de construcciones.
La excepción como regla
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.












