Cazador de
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Viernes - 11 de Julio de 2008 01:18
«El 95% de los presos de Guantánamo son inocentes»
Dice «La Divina comedia» que el lugar más caliente del Infierno está reservado a aquellos que en momentos de crisis se mantienen neutrales. Por ello, Murat Kurnaz, una de las pocas personas que ha logrado escapar de este lugar, quiere que su experiencia sirva de golpe moral a la injusticia.
Este alemán de origen turco fue capturado en 2001 -cuando sólo contaba con 19 años- en un control de seguridad en Pakistán, donde se encontraba estudiando el Corán. «Fui a estudiar a una escuela coránica que tiene más de 80 millones de miembros. El principal objetivo del centro, además de enseñar el Corán, es ayudar y formar jóvenes marginados».
Tras ser vendido por un cazarrecompensas por apenas 3.000 dólares, fue enviado a Guantánamo. En la prisión estadounidense fue sometido a interminables interrogatorios y torturas con el único objetivo de declararse miembro de Al Qaida. «Me sometieron a electroshocks, me colgaban con cadenas boca abajo para que firmara unos documentos en los que reconocía ser miembro de la organización terrorista», señala Kurnaz. «Todos los días pensaba que podría el último», añade.
En su obra «Un inocente en el Infierno, cinco años en Guantánamo» (Robinbook), Kurnaz relata su experiencia en la prisión estadounidense, donde dice que «el 95% de los presos encarcelados son inocentes, y los restantes son pequeños delincuentes que nada tienen que ver con el terrorismo».
«Lo curioso es que, pocos meses después de mi detención, las autoridades de EE.UU. descubrieron que era inocente e informaron al gobierno alemán. Pero Alemania ocultó la información y me dejó allí por cuatro años», señala.
Kurnaz denuncia que durante estos cinco años ha visto «torturar a menores de edad, incluso a niños de hasta 9 años» por soldados estadounidenses. De igual forma afirma que tras los atentados del 11-S, la Administración Bush se dedicó a buscar falsos culpables para «reafirmar» su imagen.
Desconocimiento social
La libertad de Kurnaz llegó en 2006 gracias al tesón de su madre y a la presión que ejercieron los medios de comunicación. Pero reconoce que la mayor parte de la opinión pública desconoce lo que está ocurriendo. «Cuando fui liberado, me sorprendió que no se hubiera divulgado nada durante todo el proceso. Los medios no sabían de mi caso y el público no tenía idea de que Alemania cooperaba con EE.UU. en los campos de Afganistán», señala.
Por ello, su lucha se centra ahora en evitar que nadie tenga que vivir el infierno en vida que él sufrió. «He visto fallecer personas por las torturas a las que eran sometidas. Hago un llamamiento al mundo para lograr que desaparezcan este tipo de lugares».
Fuente: ABC
Tras ser vendido por un cazarrecompensas por apenas 3.000 dólares, fue enviado a Guantánamo. En la prisión estadounidense fue sometido a interminables interrogatorios y torturas con el único objetivo de declararse miembro de Al Qaida. «Me sometieron a electroshocks, me colgaban con cadenas boca abajo para que firmara unos documentos en los que reconocía ser miembro de la organización terrorista», señala Kurnaz. «Todos los días pensaba que podría el último», añade.
En su obra «Un inocente en el Infierno, cinco años en Guantánamo» (Robinbook), Kurnaz relata su experiencia en la prisión estadounidense, donde dice que «el 95% de los presos encarcelados son inocentes, y los restantes son pequeños delincuentes que nada tienen que ver con el terrorismo».
«Lo curioso es que, pocos meses después de mi detención, las autoridades de EE.UU. descubrieron que era inocente e informaron al gobierno alemán. Pero Alemania ocultó la información y me dejó allí por cuatro años», señala.
Kurnaz denuncia que durante estos cinco años ha visto «torturar a menores de edad, incluso a niños de hasta 9 años» por soldados estadounidenses. De igual forma afirma que tras los atentados del 11-S, la Administración Bush se dedicó a buscar falsos culpables para «reafirmar» su imagen.
Desconocimiento social
La libertad de Kurnaz llegó en 2006 gracias al tesón de su madre y a la presión que ejercieron los medios de comunicación. Pero reconoce que la mayor parte de la opinión pública desconoce lo que está ocurriendo. «Cuando fui liberado, me sorprendió que no se hubiera divulgado nada durante todo el proceso. Los medios no sabían de mi caso y el público no tenía idea de que Alemania cooperaba con EE.UU. en los campos de Afganistán», señala.
Por ello, su lucha se centra ahora en evitar que nadie tenga que vivir el infierno en vida que él sufrió. «He visto fallecer personas por las torturas a las que eran sometidas. Hago un llamamiento al mundo para lograr que desaparezcan este tipo de lugares».
Fuente: ABC
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