En diálogo con Cazador de Noticias, Pablo Aceto, dirigente del Partido Socialista Auténtico en Unidad Socialista, planteó que “durante décadas, muchos trabajadores se definieron a sí mismos como clase media: responsables, esforzados y con la sensación de ser el motor de la economía. Sin embargo, las promesas de ciertos discursos políticos sobre “terminar con los vagos” y redistribuir recursos públicos hicieron que parte de estos trabajadores creyeran que los subsidios destinados a la asistencia social les serían finalmente devueltos”.
En tal sentido recalcó que “Javier Milei se convirtió en un referente de esta expectativa. Sus seguidores imaginaron que los fondos que percibían sectores considerados ´dependientes del Estado´ serían transferidos a quienes trabajan y generan. ´El Estado nos roba para mantener vagos´, repetían, convencidos de que la austeridad aplicada a otros sería un beneficio directo para ellos”.
“La realidad, sin embargo, fue distinta. Los recursos no se redistribuyeron hacia este sector, y lo que muchos consideraban un derecho propio comenzó a desvanecerse. Hoy, los mismos que se veían como clase media se reconocen simplemente como trabajadores, conscientes de la precariedad de su situación y de la fragilidad de sus expectativas económicas”, sostuvo.
Asimismo, remarcó: “Entre abrazos y lágrimas, surge un nuevo auto-reconocimiento: ´Somos trabajadores´, admiten algunos. La autopercepción de superioridad basada en la ´meritocracia´ se desploma, dejando al descubierto la vulnerabilidad que comparten con otros sectores de la sociedad. Nunca fui creyente, pero entiendo los motivos que pone a la soberbia como primer pecado capital, esa ilusión de que el esfuerzo individual garantiza justicia social, se derrumba frente a la realidad”.
Consideró que “esta transformación no solo revela la crisis de expectativas de un grupo social, sino que también plantea preguntas sobre cómo se construyen las identidades de clase y cómo los discursos políticos pueden moldear, alterar o destruir esas percepciones. Lo que quedó claro es que, más allá de etiquetas y aspiraciones, la solidaridad y el reconocimiento del trabajo propio se convierten en un punto de encuentro inesperado: entre lágrimas, los “brutos y jodidos” encuentran un nuevo sentido colectivo”.
Finalmente, Aceto destacó que esta toma de conciencia es también una oportunidad política: “Cuando los trabajadores se reconocen y se solidarizan entre sí, se fortalecen como colectivo. Esa es la base de cualquier lucha por derechos y justicia social”.










