Vecinos de diferentes barrios de Mar del Plata protagonizaron este jueves por la noche un cacerolazo en reclamo de mayores medidas contra la inseguridad. La convocatoria tuvo repercusión en sectores del norte de la ciudad, Playa Grande, la zona de la Estación Ferroautomotora, San Carlos y distintos puntos de la periferia, donde los habitantes hicieron oír su descontento mediante el sonido de cacerolas y bocinazos.
Si bien la participación fue menor a la esperada, la protesta estuvo marcada por mensajes dirigidos a las autoridades y pedidos de respuestas concretas frente al crecimiento del delito. En San Carlos, uno de los barrios más afectados por hechos delictivos, los vecinos reclamaron el fin de los robos, los ataques de motochorros y los episodios de violencia que, aseguran, alteran la vida cotidiana.
En el barrio Los Tilos, donde ya se había realizado una manifestación durante la tarde, los residentes volvieron a reunirse durante la noche para insistir en la necesidad de medidas urgentes. "No se puede vivir más así", expresaron durante la concentración.
La protesta también se hizo sentir en Playa Grande, especialmente en las inmediaciones del centro comercial de la calle Alem y Aristóbulo del Valle, donde numerosos vecinos acompañaron la convocatoria desde los balcones de sus edificios con cacerolas y consignas a favor de un mayor control policial.
En el centro de la ciudad, varios automovilistas se sumaron con bocinazos mientras aguardaban en los semáforos. Además, sobre la avenida Libertad, a la altura de la calle Italia, vecinos participaron desde sus viviendas para respaldar el reclamo.
La movilización se produjo tras una sucesión de denuncias vecinales por hechos de inseguridad registrados en distintos barrios. En los últimos días se multiplicaron los reclamos por robos, la presencia de motochorros, la escasa vigilancia policial y el temor de los vecinos al salir o regresar a sus hogares. Situaciones similares también fueron expuestas recientemente por residentes de Los Pinares, quienes solicitaron una mayor presencia preventiva.
La convocatoria al cacerolazo se difundió a través de redes sociales bajo la consigna "Debemos ser escuchados" e invitó a cada familia a manifestarse desde su domicilio. De esta manera, el sonido de las cacerolas volvió a convertirse en un símbolo de protesta para exigir respuestas inmediatas y políticas de seguridad más efectivas.












