Por Jorge Núñez
Poeta y periodista. Ex Coordinador del Consejo Municipal de Cultura de Gral. Pueyrredon
Para garantizar que una ciudad funcione y los vecinos tengan una buena calidad de vida el gobierno local debe ejecutar y mantener una política de gestión básica: infraestructura y obra pública (lo que se construye o amplía) y mantenimiento urbano (lo que se cuida y repara periódicamente).
Entre las obras principales están las vías de tránsito y conectividad; redes de servicio (sanidad e hidráulica); espacios públicos e integración; transporte y movilidad; infraestructura ambiental.
Y en el mantenimiento una gestión operativa para que la ciudad tenga recolección de residuos, barrido de calles, desmalezado y eliminación de basurales clandestinos; calles asfaltadas y reparación de veredas; alumbrado; saneamiento; espacios verdes y arbolado; control del espacio público y seguridad.
En el Partido de General Pueyrredon, a través de un relevamiento de los servicios esenciales y las responsabilidades del municipio -divididas entre la gran obra pública de desarrollo y el mantenimiento urbano diario-, surge un diagnóstico claro: la brecha entre el casco céntrico y la periferia sigue siendo la principal deuda.
Las tareas encomendadas a entes descentralizados como el EMVIAL (Vialidad) y el EMSUR (Servicios Urbanos) representan el termómetro más directo del descontento social.
El deterioro de la red vial no discrimina zonas, pero impacta de manera diferente: En arterias clave de la ciudad, el bacheo reactivo mediante esquemas de urgencia no logra compensar el desgaste estructural del pavimento. Las fisuras y pozos en avenidas de alta circulación generan problemas de tránsito y roturas frecuentes en el transporte público y vehículos particulares; en barrios alejados del centro y en la ciudad de Batán, las calles de tierra o enripiadas transforma cada tormenta en un problema de aislamiento. La falta de maquinaria constante para el repaso y nivelación deja a barrios enteros sin acceso para ambulancias, patrulleros ni recolectores de residuos tras jornadas de lluvia prolongadas.
Si bien el servicio de recolección domiciliaria cubre la mayor parte del ejido urbana, la ciudad enfrenta una proliferación sistemática de microbasurales a cielo abierto. La acumulación de restos de poda, escombros y residuos voluminosos en esquinas, terrenos baldíos y en los accesos a la zona de canteras en Batán evidencia fallas en la frecuencia del servicio “almejero” y en los controles ambientales.
La reconversión a tecnología LED ha avanzado sobre el frente marítimo y los principales centros comerciales. Sin embargo, en barrios como Las Heras, Félix U. Camet, Belgrano o las zonas internas de Batán, la falta de reposición de luminarias quemadas o vandalizadas deja amplias “zonas oscuras”, un factor que los propios vecinos asocian directamente con el incremento de la inseguridad.
En la zona céntrica y frente costero el pavimento y luces LED, agua y cloaca, y drenaje pluvial rondan entre el 85% y 98%, mientras en la periferia y Batán no llegan al 40%.
La expansión vertiginosa de loteos en el sur y en la zona periurbana supera el ritmo de extensión de las redes de agua potable y cloacas, obligando a miles de familias a seguir dependiendo de perforaciones domiciliarias a la napa y pozos ciegos.
Aunque se ejecutaron etapas clave de obras como la Cuenca del Arroyo del Barco, las tormentas de alta intensidad exponen con frecuencia la falta de colectores pluviales secundarios en el sudoeste de Mar del Plata y áreas bajas de Batán. El anegamiento de calles no es solo un problema de mal tiempo: es la consecuencia directa de una infraestructura pluvial que no acompañó el crecimiento del hormigón.
El Partido de General Pueyrredon no padece un problema de diagnóstico, sino de equidad en la distribución del gasto y la inversión pública.
Para garantizar servicios equitativos a toda la comunidad, la agenda municipal de los próximos años deberá priorizar la consolidación de las calles de los barrios, la extensión de las redes de saneamiento a la totalidad del territorio y la aceleración de las obras pluviales pendientes. Solo así se podrá saldar la deuda histórica con la ciudad profunda y garantizar que Mar del Plata y Batán sean, en todos sus rincones, lugares dignos para vivir.
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.











