La esquina de San Martín y Catamarca, históricamente sinónimo de largas colas y risas infantiles, despide a Periquita. Durante décadas, sus vidrieras rebosaban de muñecas, autos a control remoto, patines y los personajes favoritos de cada generación.
Navidad, Reyes y el Día del Niño transformaban la tienda en un hervidero de familias, emoción y regalos por doquier.
Más que un comercio, Periquita fue la puerta de entrada al primer empleo para cientos de adolescentes que ayudaban durante las temporadas de mayor demanda.
La empresa decidió cerrar su emblemático local y vender el espacio a Jade, cadena especializada en bazar y regalería.
Los juguetes seguirán formando parte de la oferta, pero la magia de Periquita como ícono de la ciudad se despide.
Carritos de bebé, figuras clásicas y modernas, desde Topo Gigio hasta Paw Patrol, quedarán en la memoria de quienes crecieron allí.
Entre sirenas de autos a batería y llantos de bebotes de plástico, cada visita era un pequeño viaje al mundo de los sueños infantiles.
Aunque no se confirmó si la marca Periquita seguirá existiendo, los trabajadores de planta serán absorbidos por la nueva empresa, asegurando su continuidad.
Para padres y abuelos, la tienda era garantía de encontrar siempre el regalo perfecto para sus hijos y nietos.
Durante más de 50 años, la esquina fue un punto de encuentro y alegría para varias generaciones marplatenses.
La despedida marca un cambio en el paisaje comercial, pero deja un legado imborrable en la memoria colectiva.
El icónico lema “donde se compran los juguetes” quedará grabado en el recuerdo de quienes jugaron y soñaron allí.
Periquita cierra sus puertas, pero las historias, risas y regalos que albergó vivirán para siempre en Mar del Plata.
Así, se despide un símbolo de infancia, de comercio y de alegría que ninguna remodelación podrá borrar.










