Por Ing. Agr. María Victoria González, columnista de Cazador de Noticias
Dado el debate que genera el tema de las retenciones, y cierto criterio generalizado en las grandes urbes acerca de lo que es “el campo”, considero importante aclarar algunos elementos fundamentales a la hora de encarar el análisis de esta medida.
Para comenzar, me interesa dejar en claro que hay diferentes “tipos” o niveles de productores agropecuarios. Podríamos tratar de clasificarlos en 4 grupos:
•Grandes grupos empresarios: disponen de tierra, capital y know how, cuentan con profesionales y personal altamente capacitado, maquinaria, acopio, estructuras de comercialización. Manejan el negocio diversificando la producción, las zonas de siembra (arrendando tierras, incluso en otros países), con un gran conocimiento técnico y empresario. Ochenta empresas concentran casi el 70 % del total exportado.
•Productores grandes: cuentan con considerable superficie de tierra propia, maquinaria, capacidad de acopio, personal a cargo de las diferentes producciones y asesoramiento profesional. Estructura empresaria.
•Productores medianos y pequeños: generalmente empresas familiares, con mayor o menor extensión de tierra. También arrendatarios de pequeñas superficies. Mano de obra familiar, cierto capital para invertir y personal asalariado en explotaciones más grandes. Cuando hay ganancias, se reinvierten. Muy afectados por situaciones climáticas desfavorables, o variaciones en el precio de su producción. Pasión por la tierra y la producción agropecuaria.
•Grupos inversores: conforman el grupo de pools de siembra, fideicomisos agropecuarios, fondos de inversión. Arriendan campos (generalmente a pequeños y medianos terratenientes que “no se quieren desprender del campo”, pero que no están en condiciones de afrontar el negocio).
Analicemos ahora el escenario en que se re implementaron las retenciones.
Recordemos que en los ’90, el sector agropecuario estaba fuertemente endeudado, y que en ese periodo “salieron” de la actividad cerca de 100 mil productores, imposibilitados de generar una rentabilidad que les permitiera seguir adelante con sus explotaciones.
Al salir del la convertibilidad, el sector obtuvo ganancias provenientes del aumento del valor de la tierra (en algunos casos se triplico), y del aumento de la renta, ya que el tipo de cambio alto le devolvió competitividad internacional a la producción agrícola (al tiempo que sus deudas se “pesificaron”). La irrupción de China y Rusia como mercados consumidores, ha tenido como efecto el aumento de los precios internacionales de las commodities y otros productos de consumo masivo provenientes del sector agroalimentario. Esto hizo que el mismo obtuviera ganancias muy importantes respecto de otros sectores de la economía.
Las RETENCIONES, supuestamente, buscaron que el Estado se apropie de esa renta extraordinaria (para “compensar” efectos que sus políticas de tipo de cambio alto, ineficiente control de precios internos -que indefectiblemente suben- y otros compromisos asumidos). Pero se implementaron de modo improvisado, sin tener en cuenta el efecto que tendrían en el contexto de la economía argentina.
Definitivamente, no es igual el impacto que esta quita en el precio que se percibe por tonelada vendida ocasiona en los grandes grupos (que controlan cadenas productivas, de acopio, de exportación, y pueden trasladar el peso de las retenciones hacia delante o hacia atrás dentro de los negocios que manejan), que en segmentos mas débiles de la producción agropecuaria. Esa asimetría es la que se debe corregir para no perjudicar a los pequeños y medianos productores.
Los reclamos provenientes de las entidades que representan al agro, reunidas en la mesa de enlace, no están aun consensuadas puertas adentro. Es que el abanico es grande. El Movimiento de Mujeres en Lucha, afirma que el 20% del total de la soja producida, pasa por las manos de 65.000 productores, y consideran injusta una política que trate a todos por igual. Alertan, que si no se introducen “cambios a medida” para el contexto real del agro argentino, muchos productores corren el riesgo de tener que dejar el campo como medio de vida.











