Un exhaustivo relevamiento municipal encendió las luces de alerta en la ciudad al revelar que 431 personas viven actualmente en la vía pública o en paradores, lo que representa un incremento del 29% en comparación con los datos de 2025 (cuando se registraban 335 personas). El informe confirma que la problemática mantiene una tendencia al alza sostenida y sin freno desde hace al menos un lustro.
El censo fue coordinado por el Departamento de Asistencia Crítica y Urgencias Sociales de la Secretaría de Desarrollo Social local, con la colaboración de las direcciones de Políticas de Género, Discapacidad y Gestión Social Territorial.
Una radiografía que no para de crecer
Los datos históricos demuestran que el fenómeno se ha agudizado de manera constante año tras año.
Del total detectado este año, el 70% (296 personas) fue abordado directamente a la intemperie, mientras que el 30% restante se encontraba parando temporalmente en los dispositivos de contención Nazaret, Las Américas e Hijos de María.
En cuanto a las franjas etarias, el grueso de la población afectada es joven y de mediana edad: se registraron 2 menores de 20 años; 86 de entre 20 y 29 años; 130 entre los 30 y 39 años (el grupo más numeroso); 114 de entre 40 y 49 años; 63 de entre 50 y 59 años; 30 de 60 a 69 años; y 6 adultos mayores que superan los 70 años.
Precariedad laboral y barreras de salud
El estudio económico expone la severa desprotección que sufren estas personas. Mientras que 219 encuestados prefirieron no declarar sus recursos y 76 afirmaron no tener absolutamente ningún ingreso, la minoría que percibe dinero lo hace mayormente desde la informalidad: 72 admitieron subsistir con "changas" o empleo en negro (cuidacoches, limpiavidrios, recuperadores urbanos o vendedores ambulantes) y solo 7 cuentan con un trabajo formal. A su vez, se detectaron 23 pensiones no contributivas, 9 planes sociales, 8 jubilados y 7 pensionados.
Adultos mayores sin techo: El informe pone el foco en los mayores de 60 años que, aun teniendo una jubilación o la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), terminan en la calle o en paradores porque los haberes actuales no les alcanzan para cubrir un alquiler y la canasta básica de alimentos y medicamentos.
En materia de salud, el panorama es igual de complejo. Las adicciones y los consumos problemáticos lideran los cuadros con 46 casos detectados, seguidos de cerca por afecciones de salud mental (22 casos). También se relevaron patologías traumatológicas (8), infecciosas (8), respiratorias (6), coronarias (5), diabetes (5) y cáncer (3).
Género, estigma y la urgencia de nuevas políticas
El documento dedica un apartado especial a la extrema vulnerabilidad de las mujeres que duermen en la calle. Para este grupo, el principal detonante de su situación es el consumo problemático, un flagelo que destruye sus redes familiares, sus estudios y sus posibilidades de empleo.
El informe advierte sobre el peso de la maternidad en este contexto: "Cargan con una impronta negativa desde una posición moral y reciben la estigmatización desde el cuestionamiento de ser ‘buenas’ o ‘malas’ madres", detalla el análisis, reflejando testimonios que oscilan entre la angustia y la necesidad urgente de ayuda para recuperar su cotidianeidad.
Frente a este escenario, los especialistas municipales lanzaron una fuerte autocrítica institucional, advirtiendo que las respuestas estatales actuales suelen estar "fragmentadas" y terminan profundizando la exclusión de quienes no tienen redes de apoyo.
El plan de acción propuesto
Para revertir esta tendencia, el área de Asistencia Crítica reclamó el diseño de un proyecto de atención integral y multidisciplinario que no se limite al asistencialismo, sino que fomente la autonomía de las personas. Entre las principales medidas sugeridas figuran:
Coordinación formal con el área de Políticas de Género y con los centros de tratamiento de adicciones.
Creación de un Centro de Día gestionado junto a la Secretaría de Salud.
Capacitación laboral y herramientas para promover la salida del circuito de exclusión de aquellos que ya tienen algún ingreso mínimo.
Infraestructura básica diurna: Instalar duchas matutinas para garantizar la higiene sin que dependan exclusivamente de los horarios de los paradores nocturnos.
Ampliación del sistema de refugios: Incrementar las plazas disponibles y mejorar la capacidad de alojamiento actual.












