El consumo problemático de alcohol sigue consolidándose como uno de los desafíos de salud pública más complejos de la región. En diálogo con el programa radial “Propuesta Joven” (FM 90.5), el Dr. Santiago Boggio, médico de cabecera de PAMI, analizó las variables culturales que invisibilizan esta problemática y detalló las herramientas científicas disponibles para su abordaje, derribando viejos mitos sobre la adicción.
"El alcoholismo no es un problema de falta de voluntad, de debilidad o un defecto de fábrica; es una enfermedad crónica y cerebral", enfatizó el profesional. En ese sentido, explicó que la ciencia médica ha demostrado que el alcohol genera una dependencia física y psicológica tan fuerte y difícil de romper como el tabaco o las llamadas drogas duras. "La gran diferencia es que este enemigo se vende legalmente en cualquier supermercado", graficó.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo nocivo de esta sustancia es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos físicos y mentales. Pese a la gravedad del diagnóstico global, el panorama local presenta agravantes específicos vinculados a la idiosincrasia nacional.
La cultura del exceso y la aceptación social
Uno de los puntos más alarmantes señalados por Boggio es la temprana edad en la que los jóvenes comienzan a beber en el país.
"En Argentina el panorama es preocupante: somos uno de los países con mayor consumo de alcohol por habitante en América Latina, pero lo más grave es que la edad de inicio en los chicos hoy ronda entre los 13 y 14 años", advirtió.9
A esto se suma la instalación del denominado binge drinking o "atracón de fin de semana", una modalidad de consumo concentrado que, según el especialista, se encuentra completamente naturalizada en la sociedad.
Esta validación cultural también se traslada a los adultos a través de los espacios de esparcimiento. "La aceptación social del consumo en eventos masivos facilita que quienes padecen problemas de alcohol encuentren en el festejo grupal la oportunidad perfecta de beber sin sentirse cuestionados, ocultando así su dependencia", analizó el médico.
El camino de la recuperación, más allá de la fuerza de voluntad
El Dr. Boggio fue categórico al afirmar que el alcoholismo se puede tratar y que es posible recuperar la calidad de vida, aunque aclaró que no existen recetas únicas. El proceso médico y profesional requiere un abordaje multidisciplinario que incluye:
Desintoxicación clínica: Para limpiar el organismo de forma segura y monitorear el síndrome de abstinencia.
Terapia psicológica: Espacios individuales o grupales orientados a comprender las causas del consumo y aprender a gestionar las emociones sin recurrir a la botella.
Grupos de apoyo y redes comunitarias: Dispositivos como Alcohólicos Anónimos, basados en el valor de compartir experiencias con pares.
Abordaje farmacológico: Un pilar clave y muchas veces desconocido por el público general. "Los fármacos no son soluciones mágicas, sino herramientas biológicas para estabilizar la neuroquímica del cerebro mientras el paciente realiza su tratamiento psicoterapéutico", detalló.
Hacia el cierre de la entrevista, el profesional sintetizó tres pautas fundamentales para quienes deciden iniciar el cambio: reconocer el problema sin juzgarse a uno mismo, modificar el entorno evitando los círculos donde la única dinámica es el consumo, y adoptar la filosofía del "un día a la vez", enfocándose en el esfuerzo cotidiano en lugar de la presión del "nunca más".
"Pedir ayuda no es un signo de debilidad, es el acto de valentía más grande que podés tener", concluyó Boggio, recordando que el Estado brinda asistencia gratuita en todo el territorio nacional, destacando la Línea 141 de la SEDRONAR, un servicio de atención, contención y asesoramiento anónimo que funciona las 24 horas, los 365 días del año.












