El cierre de locales en los centros comerciales a cielo abierto promedia el 8% tras el impacto de la postemporada. La avenida Juan B. Justo y la calle 12 de Octubre son las zonas más golpeadas. Desde la UCIP y UTHGRA advierten por la caída del consumo y la pérdida de puestos de trabajo.
Mar del Plata camina a dos velocidades. Mientras el circuito premium de la calle Güemes logra capear el temporal mediante una constante rotación de marcas, las avenidas comerciales tradicionales de la ciudad enfrentan un escenario crítico. La combinación de una fuerte caída en las ventas minoristas, el aumento desmedido en los costos fijos —con los alquileres y las tarifas de servicios públicos a la cabeza— y una temporada que no dejó el margen de ahorro de otros años, aceleraron el cierre de comercios en el tejido urbano marplatense.
Según los últimos relevamientos de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), la tasa de desocupación comercial en los principales centros a cielo abierto ya se ubica entre el 7,8% y el 8,2%. En términos concretos, significa que hoy hay entre 190 y 218 locales vacíos8 sobre el universo de comercios monitoreados en la ciudad; una postal gris que la periferia comercial padece con mayor crudeza.
El mapa de la crisis, avenidas desoladas
El fenómeno no afecta a todos por igual. El informe de las cámaras comerciales expone un marcado contraste geográfico. La histórica Avenida Juan B. Justo —antaño "la avenida del pulóver"— encabeza los indicadores negativos con un 15,68% de locales cerrados, seguida de cerca por la fisonomía portuaria de la calle 12 de Octubre, que registra un 14,38% de persianas bajas.
Otras arterias comerciales tradicionales como Talcahuano (12,5%) y Alberti (11,74%) completan la lista de las zonas donde los carteles de "Alquila" o "Disponible" ya forman parte del paisaje cotidiano de los vecinos.
"Mantener una estructura abierta con caídas de ventas que promedian el 5,8% interanual se volvió inviable para el pequeño comerciante. Muchos prefieren rescindir los contratos antes de seguir acumulando deudas de servicios o expensas", señalan fuentes del sector inmobiliario local.
Gastronomía y Hotelería, el eslabón más débil
El impacto social de esta reconfiguración económica tiene su correlato directo en el empleo. Desde la seccional local de la Asociación de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos (UTHGRA) encendieron las alarmas al confirmar que, en el último trimestre, alrededor de 40 establecimientos cerraron definitivamente sus puertas en Mar del Plata.
Bares, cafeterías de barrio y hoteles de la zona de la Vieja Terminal, Yrigoyen y Alem debieron cesar su actividad. El gremio estima que el saldo de esta contracción económica ya afecta de forma directa a más de 400 trabajadores, en una ciudad estructuralmente sensible a las fluctuaciones del mercado laboral y los índices de desocupación. La falta de un flujo turístico sostenido durante los fines de semana largos, donde la ocupación apenas promedió el 45%, terminó por asfixiar los márgenes de ganancia de los empresarios gastronómicos.
La mutación hacia el comercio invisible
Detrás de cada persiana que baja hay una estrategia de supervivencia. Analistas del sector comercial marplatense destacan que el cierre del local a la calle no siempre implica la desaparición total del negocio. Ante los altos costos de renovación de contratos edilicios, decenas de comerciantes de indumentaria y calzado están migrando sus estructuras hacia el formato digital.
El auge de los showrooms a puertas cerradas en pisos altos del centro de la ciudad y el uso de locales periféricos exclusivamente como depósitos de logística de "última milla" (para despachar ventas por redes sociales) asoman como la alternativa obligada para subsistir. El comercio local se achica, se esconde de la vista pública de las avenidas y se refugia en la web para esquivar el costo del metro cuadrado.
El panorama invernal plantea un desafío complejo para el municipio y las entidades intermedias. Sin herramientas de alivio fiscal local o una reactivación del consumo interno, las avenidas comerciales de Mar del Plata corren el riesgo de profundizar un proceso de vaciamiento que debilita el corazón productivo de los barrios marplatenses.












